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Encarnar la Gracia

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Llegamos a la etapa final del Rezo de la Rosa.

Cuatro umbrales. Cuatro formas del Sagrado Femenino. Cuatro maneras de recordarnos lo que siempre ha estado dentro de nosotras. Y aquí, en el cierre, algo se revela: que todas ellas, la Gran Madre, Isis, Madre Maria, Maria Magdalena, Venus... nunca fueron "figuras" separadas. Son parte del mismo fuego. Formas distintas de la misma sabiduría antigua que ha pasado de mano en mano, de generación en generación, a través de todas las mujeres que caminaron antes que nosotras.

Sophia es ese fuego.

Fuego y aliento. Sophia es la llama sagrada que las contiene a todas. El origen al que todas regresan. La sabiduría, el aliento,  que sopla desde dentro, lo que se recuerda..., aquello que no llega desde fuera sino que emerge desde el centro de lo que somos.

Sophia eres tú, y cada una de nosotras,  con todas tus partes, con todas nuestras partes. La niña, la que buscó, la que amó, la que cayó y se levantó. La sabia, la que cura, la que alquimiza, la que florece. Todas reunidas alrededor de la misma hoguera. Todas parte del mismo origen.

Y es en esta última etapa que nos dejamos mover.

Como la medusa en el agua (sin huesos, sin resistencia, sin control). Puro tejido vivo respondiendo a la corriente, a los hilos invisibles, a la divinidad...

Cuando el cuerpo ondula sin que lo decidas. Cuando algo en ti sabe antes de que la mente entienda. Cuando eres movida por el aliento divino que Sophia siempre fue. Ahí está la gracia. En ese instante de apertura y confianza. En el cuerpo que suelta, que se vuelve cáliz. En la llama que arde quieta en el centro de todo lo que eres.

Este último encuentro es una celebración. Un rezo. El acto de honrar todo el camino recorrido  y reconocer que ese camino te trajo exactamente aquí.

Entera. Encarnada. Viva.

Sandra Fernandez Ochoa

© by coco with LOVE

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